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"Lo primero que el cuentista le pide a su lector es atención; el novelista, paciencia."

lunes, 24 de agosto de 2009

Los libros inexistentes

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"Русская литература" (La literatura rusa)
Óleo pastel sobre cartón de José María Fojo, cm. 32,0 x 39,5 - Año 2009
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Se ha criticado a Borges por citar libros inexistentes. Como dislate, esta crítica se acredita entre los grandes. Borges fue un hombre tan libresco que, para él, los libros tenían más realidad que las personas; en lo que quizás no andaba descaminado, porque Don Quijote, Eneas y Fausto son acaso más reales que ese vecino que ahora vemos pasar por la calle y que muy pronto estará muerto, y será como si nunca hubiese existido. Para Borges, en una ficción un libro es un personaje tan válido como un ser humano, al punto que el verdadero protagonista de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius es ese “onceno volumen” que el ingeniero Herbert Ashe dejó en el bar de un hotel de Adrogué hacia 1937. Ese objeto ideal e imaginario es una proyección tan legítima como Irineo Funes o Carlos Argentino Daneri, y no veo por qué no se lo debería mencionar y sí, por el contrario, se puede dejar escrito lo que dijeron e hicieron Red Scharlach o Erik Lönnrot.
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J. M. F., 1996.
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jueves, 14 de mayo de 2009

De la traducción

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"Paisaje con árboles"
Óleo sobre cartón sobre tabla de José María Fojo, cm. 26,0 x 29,0 - Año 2016


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Dice Ernesto Sabato que el francés goza de la reputación de ser un idioma muy racional, pero que no es verdad que lo sea. Para apoyar su aserto, da como ejemplo que lo que se dice “¿Qué es eso?” en castellano, en francés se expresa “Qu’est-ce que c’est ça?”, o sea: “¿Qué es esto que esto es eso?”, traducción maliciosa y de mala fe, técnica a la que Sabato parece ser bastante afecto. (Sabato se codeó en la redacción de Sur con traductores de la talla de Jorge Luis Borges, Victoria Ocampo y José Bianco, pero nunca se dedicó a ese menester, quizás por considerarlo subalterno. Sabato cita profusamente los escritores franceses, pero casi nunca traduce las citas.) Hay un famoso ejemplo de una oración de Henry James traducida por él siguiendo los mismos cánones y para abonar no sé qué teoría, pero lamento no tener el ejemplo a mano. No olvidemos que un diálogo tan simple como " 'How are you?' 'Fine! I'm very well, thank you.' " puede traducirse de la siguiente manera: " —¿Cómo es usted? —¡Fino! Yo soy muy pozo, gracias a usted. "
...Sin deseo de descubrir el Mediterráneo, debo declarar que esas precariedades se deben a que la misma cosa se dice de diferentes maneras en distintos idiomas. Lo que la broma de Sabato prueba no es que la traducción sea inviable o imposible, sino que es difícil y delicada, que sólo debe confiarse a personas probas y de buena voluntad, y que no basta con conocer a fondo el idioma de origen y el de destino (si tal cosa fuera posible.) Ni hablar de la traducción de poesía, que debe confiarse –según Paul Auster y cualquier otra persona sensata– sólo a poetas. Asimismo prueba que la traducción literal, palabra por palabra, constituye un soberano disparate. El traductor debe entender el original y volcarlo en la traducción de manera más aproximada, exacta y honesta que pueda; el problema reside en que a veces es imposible entender o inferir lo que el autor intentó expresar. De allí las infinitas consultas de los traductores a los autores, cuando estos todavía están vivos. Pero, ¿qué se puede hacer si a uno le encargan una traducción de Madame Bovary? ¿Recurrir a una mesa de tres patas para dialogar con el fantasma de Flaubert? El desafío del traductor es el de encontrar, en el lenguaje destino, la mejor forma de expresar algo que se dice de determinada manera en el lenguaje fuente. Se trata evidentemente de una cuestión subjetiva, y se parece un poco al problema del escritor (en particular del cuentista) de encontrar la mejor manera y el mejor tono para una obra.
...A estas dificultades se agrega que lo normal es que casi siempre resulta imposible mantener en un idioma el sabor de lo que se dijo en otro. Cuando una madre gallega le dice a su hijo “Non saias, queridiño, que che chove moito”, al traductor, aun a un idioma tan próximo como el castellano, le será imposible no perder el matiz introducido en la frase original por la palabra ”che”, que es un pronombre de solidaridad que la madre usa para que su hijo comparta su preocupación por una mojadura. Es una palabra incluida sólo al efecto de hacer al oyente cómplice o partícipe de lo que dice el hablante, y huelga señalar que en castellano no existen los pronombres de solidaridad. Una madre de Castilla-La Mancha que le diga a su hijo “No salgas, queridito, que te llueve mucho” sólo logrará que quien la oiga piense que hay una pequeña nube ensañada con el muchacho, que lo persigue adonde vaya. Y si esa madre castellana le dice a una vecina (el ejemplo es de Borges): “La niña estaba sentadita”, ¿cómo se traduce esta sencilla oración al inglés conservando todos los matices que la palabra “sentadita” da a entender?
...Es manifiesta la imposibilidad de que una persona interesada en la inconmensurable literatura universal domine todas o una gran parte de las lenguas de Europa, en las que están escritas la mayoría de esas obras (olvidémonos de los que están interesados en las literaturas de Oriente: la India, Japón, China.) ¿Se consideraría razonable que ese fervoroso lector se privara de las obras en ruso, por ejemplo, sólo porque no conoce ese idioma? Empero, una traducción puede hundir o salvar una obra. He leído versiones de Crimen y castigo, directas del ruso, que parecían de dos novelas diferentes. Una versión lograba oscurecer y volver ininteligible la peripecia de Raskolnikov; la otra la iluminaba y aclaraba. No citaré el viejo apotegma italiano sobre los traductores y la fidelidad, pero éste es un ejemplo palmario si uno quiere creer en la integridad de la literatura.
...Lector: que el Destino te depare la traducción que mereces.
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J. M. F., 2009.
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jueves, 19 de marzo de 2009

Para una teoría del cuento

."Flores rojas en un jarrón"
Acrílico sobre tela sobre cartón de José María Fojo, cm. 30,0 x 20,0 - Año 2015
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.»Alcanzar el hecho, explicarlo: he aquí la labor recapituladora, historiante, del cuentista. Se comprende, pues, que en su tarea el lenguaje cognoscitivo y el emotivo confluyan en un solo estilo.
»Una teoría del género reclama, por lo demás, una estética del narrador y del lector. Pues la brevedad del circuito narrativo corresponde, en el primero, a una disposición mental capaz de un esfuerzo tan rápido como intenso. El cuento requiere una reducción del campo narrativo análoga al estrechamiento de conciencia que acompaña a las ideas fijas. En cierto modo, el cuentista procede como un obseso. Por algo, el tema y su recurrencia –literalmente, su debida recurrencia– pertenecen al alma del cuento. Desde el punto de vista del lector, el cuento es acto riguroso de leer: lectura por excelencia. No leemos un cuento con los mismos ojos que siguen una novela o meditan un tratado científico. En la primera, la lectura no es jamás demasiado atenta y es natural que así sea: nos toma desde ángulos y distancias muy diversos. Distraído por una trama en la que de algún modo interviene, el lector lee y no lee a un tiempo. Una novela puede reposar en las manos. Un cuento es operación estricta del ojo: atención al estado puro. La menor desviación pone en peligro el incidente, que es el suceso y el efecto: en rigor, toda la historia. Más que a conmovernos, el cuento tiende a asombrarnos y, estilísticamente, el cuentista es un virtuoso. Su “tour de force” consiste en convertir el acontecimiento en un lenguaje.

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.Mario A. Lancelotti
De Poe a Kafka. Para una teoría del cuento (Cap. I.)
Eudeba, 1965.
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martes, 3 de marzo de 2009

Estrategia del lector

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"Otoño en Lake George, New York"
Pastel sobre papel de José María Fojo, cm. 21,0 x 29,0 - Año 2014
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“Los artículos estrictamente literarios los leía varias veces. Era un lector incondicional que siempre estaba de acuerdo con todo y con todos. No tenía sentido crítico, o prescindía de él momentáneamente, y aún creo que debe ser así en el lector joven, pues la admiración enriquece mucho más que la reticencia, y sólo el que ha admirado mucho, el que lo ha admirado todo, lo bueno y lo malo, lo favorable y lo adverso, se encuentra más tarde en posesión de tesoros que ya irá depurando. El solo hecho de escribir en un periódico me parecía absolutamente mágico, como me lo sigue pareciendo, y no comprendía a algunos de aquellos genios del Círculo Académico que todo lo leían con reticencia y crítica, y que por lo tanto se estaban preparando para ser unos estreñidos literarios, unos descontentos, unos resentidos. A mí me valía todo.”
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Francisco Umbral, “Las ninfas” (1975)
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lunes, 9 de febrero de 2009

De los plagios

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"Estación Escalada, FFCC Roca - Efecto de tormenta"
Óleo sobre tela de José María Fojo, cm. 35,0 x 50,0 - Año 1999
Col. Carlos P. Besio - Argentina
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De los plagios
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Si Ud. escribe un cuento corto sobre un músico negro de jazz, inmediatamente surgirá alguien que va a acusarlo de plagiar “El perseguidor”, de Cortázar, sin que importe que el músico toque la guitarra, sea feliz, exitoso, próspero, sano, longevo, no tenga una hija muerta y sea dueño de una saludable mediocridad que le permita ganar plata a carradas.
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J. M. F., 1993
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miércoles, 28 de enero de 2009

Desacralización del fuego

"Ribera arbolada"
Óleo sobre tela sobre cartón de José María Fojo, cm. 20,0 x 30,0 - Año 2016
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Cuando yo era niño, me fascinaba el fuego joven, el fuego recién iniciado, sus lenguas iridiscentes y fugaces; no el fuego crepuscular con sus brasas y tizones mortecinos. Y parte del encanto residía en el misterio de su mecanismo: ¿por qué el fuego incipiente se prodiga en llamas y relumbres, y el ya antiguo sólo vive en la tenue discreción de las ascuas? Me preguntaba: ¿qué es el fuego?
…Al crecer, conocí una definición científica del fuego: una zona de rápida oxidación, con emisión de calor. Pero esa misma definición mató una parte de la magia y el misterio. Y cuando comprendí que las llamas se producían porque la madera, al calentarse, desprendía gases combustibles que, combinándose con el oxígeno, generaban las llamas y que, agotados los gases en la fase inicial, sólo ardía más trabajosamente el carbono sólido, sin su oropel de luces y temblores policromos, tuve una explicación del misterio del fuego que me dejó satisfecho e indiferente, como toda teoría científica.
…Pero el placer intelectual que me dio el conocimiento jamás pudo compararse con la fascinación de las incomprensibles llamas que iluminaban la ignorancia de mi niñez.
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Hans-Peter Hezel, “Die Zauberei des Feuers”,

de “Buntsandstein” (“Arenillas de colores”)
Traducción de J. M. F.
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jueves, 8 de enero de 2009

Sobre Borges y “Las ruinas circulares”

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"El Viejo Almacén"
Acrílico sobre tela sobre cartón de José María Fojo, cm. 30,0 x 40,0 - Año 2014
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Es evidente que Borges conocía el cuento “La última visita del caballero enfermo”, de Giovanni Papini, antes de escribir “Las ruinas circulares.” Pero nadie en su sano juicio podría acusar a JLB de plagiar ese cuento (el de Borges es muy superior al de Papini); ni siquiera de derivar su relato de esa fuente. Y sin embargo… Sabemos que un cuento puede desarrollarse a partir de una simple idea general, así como algunos poemas son dictados por una única palabra. Yo, por mi parte, me sentiría sumamente feliz y honrado de ser el Papini de algún Borges que, acaso, todavía no nació.
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J. M.F., 1986.